La Cola de caballo (Equisetum Arvense) es una planta rica en silicio. Dependiendo de la estación entre un 10% y 60%.

El silicio es el componente semiconductor de los microchips y a él se debe el nombre de Sillicon Valley, el valle del silicio.

El cuarzo es un mineral compuesto de sílice (SiO2).

INTRODUCCIÓN

 

El silicio es el elemento número 14 de la tabla periódica y representa un 27% de la composición de la corteza terrestre. Es el segundo mineral más abundante tras el oxígeno, cuya proporción se estima en 50%. En combinación con el oxígeno forma numerosos tipos de rocas, granitos, arenas, arcillas y piedras hermosas como el ópalo, el cristal de roca, la amatista, el ágata o los minerales de cuarzo. El dióxido de silicio es el componente principal de la arena. 

 

En el estado más puro es el semiconductor más  importante para la fabricación de los componentes de la electrónica y microelectrónica actual como los chips o las células fotovoltaicas. El silicio elemental crudo y sus compuestos intermetálicos se emplean como integrantes de aleaciones para dar mayor resistencia al aluminio, magnesio, cobre y otros metales. El silicio metalúrgico con pureza del 98-99% se utiliza como materia prima en la manufactura de compuestos organosilícicos y resinas de silicona, elastómeros y aceites.

 

Definitivamente ha sido un elemento base para el desarrollo de la humanidad en diferentes estadios de su existencia. No sólo eso: está presente en plantas, animales y humanos. De ahí que se le considere un mineral universal y ubicuo. ​

 

El silicio es un elemento esencial y un oligoelemento, es decir, un bioelemento imprescindible para la vida presente en pequeñas cantidades en los seres vivos cuya ausencia puede ser perjudicial para el organismo. En 1972 la doctora norteamericana Edith Muriel Carlisle[i] deja definitivamente establecido este aspecto.

 

En su formulación asimilable y biodisponible, el silicio  es capaz de ejercer múltiples efectos beneficiosos en el organismo, de forma holística, al actuar en el interior de las células contribuyendo a restituir sus capacidades funcionales habituales.

 

Ejerce un papel fundamental e indispensable para la salud del ser humano como nutriente básico de máxima importancia para el óptimo ejercicio de sus funciones. Constituye un instrumento terapéutico de increíbles alcances en distintas ramas de la Medicina.

 

Presente en todos los organismos vivos, el silicio interviene en numerosas reacciones y es indispensable en la construcción normal de los tejidos. Desde el antiguo Egipto se constató su utilidad terapéutica. Sus propiedades fueron descubiertas de forma empírica, pero el carácter fundamental de su importancia biológica fue descubierto recientemente.

 

Los trabajos sobre miles de pacientes en todo el mundo han puesto en evidencia lo atinado de las previsiones que hizo Louis Pasteur en relación al uso del silicio en numerosas patologías. En 1878 predijo: 

 

 

 

                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA IMPORTANCIA DEL SILICIO EN EL ORGANISMO

 

"El silicio ha sido llamado a revolucionar los métodos terapeuticos".

 

Louis Pasteur, 1878

 

MECANISMO DE ACCIÓN

 

La acción del silicio orgánico sobre el organismo no se explica únicamente por su aporte de silicio orgánico altamente asimilable y su acción en la síntesis de colágeno y elastina o su papel estructural en los glicosaminoglicanos, sino que además interviene su alto poder reactivo, vibratorio, su papel a nivel de regulador del potencial eléctrico a nivel de la membrana celular y su capacidad de transmisión de la comunicación intra e intercelular.

 

Hay que tener en cuenta que estudios científicos prueban que todo desorden del organismo proviene al menos en parte, de un desequilibrio eléctrico celular: sabemos que una célula en buen estado está eléctricamente en perfecto equilibrio, con el polo positivo exactamente alineado con el polo positivo. Por el contrario, una célula deficiente, (tras una agresión, enfermedad, envejecimiento…) presenta polos desequilibrados, sin alinear. El silicio orgánico está cargado en los extremos de iones positivos y negativos inestables, que no dejan de girar alrededor de cada una de sus moléculas. El silicio orgánico podría pues intervenir en el organismo para restablecer la polaridad de las células deficientes liberando o intercambiando según los casos, iones positivos o negativos. Sería en cierta manera un reequilibrante iónico del conjunto del organismo, cuya acción daría o contribuiría a dar a las células de este, la energía necesaria para luchar contra agresiones externas. Puede ser la explicación a las sensaciones de calor o frío, o de punzadas eléctricas, que los pacientes sienten que circula en su organismo, a veces solo algunos minutos después de la absorción o aplicación del silicio orgánico. En este sentido puede representar un papel muy importante como intermediario de transporte de electrones amplificando los impulsos entre distintas moléculas. Ello ya fue sugerido por Vincent, L. pionero de la Bioelectrónica, en 1956 autores más modernos, Fazekas[i], Schafer y Chandler y Bornens basándose en la presencia de agregados de silicio en las mitocondrias, las centrales energéticas de las células, le suponen un papel de primer orden en el transporte energético intra e intercelular. En los centriolos y otros elementos celulares, supone un papel de esta índole, actuando como un cuarzo regulador de impulsos o señales de frecuencias muy estables que rigen el movimiento del centriolo. Es posible que sin ser un típico dador de electrones, su facilidad para intercambiarlos, actuando como transportador, facilite la acción de los sistemas antioxidantes que proporcionan estos electrones, bloqueando radicales libres que tanto afectan a las mitocondrias y así, indirectamente, favorecer al sistema inmune.

 


 

[i] American Journal of Clinical Nutrition, Vol. 75, No. 5, 887-893, May 2002. American Society for Clinical Nutrition Dietary silicon intake and absorption Ravin Jugdaohsingh, Simon HC Anderson, Katherine L Tucker, Hazel Elliott, Douglas P Kiel, Richar PH Thompson and Jonathan J Powell From the Gastrointestinal Laboratory, The Rayne Institute, St Thomas' Hospital, London. 

 

 

 

 

 

Hasta la fecha, un gran número de importantes científicos y médicos han estudiado el silicio y sus efectos en el organismo y han avalado y corroborado la eficacia terapéutica de este elemento.

 

Loïc Le Ribault, Norbert Duffault, Dr. Rager, Carlisle, Monceaux, Charnot, Loeper, Schwartz, María Linder, Kervan, fueron algunos de ellos por nombrar algunos.

 

En 1984, el científico Jean Calcagni no dudó por ello en resaltar:

 

“la importancia de este mineral para los procesos metabólicos y para la vida celular en los animales superiores”.

 

La investigadora A. Mary, por su parte, ya en tan temprana fecha como 1910 resaltaría:

 

“el silicio puede activar notablemente la fagocitosis, contribuye a la mineralización del suero sanguíneo y de los órganos debilitados, y regenerar las células al excitar la ósmosis. Su acción, sea preventiva sea curativa, se deduce naturalmente de sus propiedades físico-químicas, de su constancia y de su rol osmótico en la célula organizada”.

 

La experiencia posterior demostraría el carácter polivalente de la Silicoterapia y de lo acertado de esas previsiones ya que, en efecto, el silicio orgánico se muestra altamente eficaz en la prevención y tratamiento de un buen número de patologías.

 

Para conocer la importancia que tiene el silicio en el organismo es importante conocer la cantidad de esta sustancia que está presente en nuestro organismo, alrededor de unos 7 gramos, y su presencia en la alimentación que es actualmente diez veces menor que décadas atrás. Está presente en numerosos órganos y ello podría explicar los resultados obtenidos a través de su suplementación.

 

Sin embargo, la silicoterapia continúa siendo hasta la fecha una posibilidad poco conocida y todavía no ha conseguido la atención que merece por parte de la mayor parte de la comunidad científica, médicos y organismos regulatorios, si bien es cierto que la evidencia de sus beneficios en un amplio espectro de patologías ha hecho que rápidamente se esté extendiendo su utilización en el campo de la medicina complementaria.

 

VARIACIONES DEL CONTENIDO DE SILICIO EN LOS TEJIDOS

 

Amén del problema actual representado por un aporte deficiente de silicio en nuestra alimentación, los niveles de este elemento en el organismo pueden variar por diversas causas:

 

Según el sexo

 

Gohk y School (citados por Desmonty 1988), observaron un 35% menos de silicio en el tejido muscular de la mujer que en el del hombre. Charnot y Perez9 observaron lo contrario en las ratas: las hembras adultas tienen tasas más elevadas que los machos. En general los hombres tienen una tasa de silicio más elevada que las mujeres según Loeper.

 

Según la edad

 

Monclaux, Murray y Loeper han señalado un descenso general de los niveles de silicio en el cuerpo en el curso del envejecimiento. En el hombre fueron examinadas por Loeper aortas normales y patológicas extraídas en el transcurso de autopsias de sujetos de todas las edades incluidos bebes y niños. Se encontró una tasa de silicio 4 veces más elevada en los niños que en las personas de edad. Esta disminución empieza a los 10 años, siendo más remarcable a partir de los 35-40 años. Así, por ejemplo, la tasa de silicio en los tejidos tegumentarios disminuye un 30%; En el timo sucede lo mismo según Murray. James Duke (1998) señala que con la edad y el descenso de los estrógenos disminuye la absorción del silicio lo cual a su vez determina la tendencia a la descalcificación potencialmente típica de la menopausia. Con la edad disminuye la absorción intestinal del silicio (Desmonty 1988).

 

Según el tipo de tejido

 

En 1966 el investigador Loeper informa del resultado de las tasas de silicio presentes en diferentes tejidos de ratones, conejos y del hombre. Pudo constatar que los órganos ricos en tejido conjuntivo y elástico contienen mucho más silicio que el resto.

 

En ciertas patologías

 

Tuberculosis: En la tuberculosis se produce una pérdida acelerada del silicio contenido en el organismo, lo cual condujo diversas experiencias terapéuticas con silicio en estos casos desde los albores del siglo XX.

Cáncer: En el cáncer, Remmets ha constatado un descenso significativo de la tasa de silicio en el tejido conjuntivo.

 

En la ateroesclerosis: Loeper y Golan estudiaron la relación entre la tasa de silicio en el tejido aórtico y la ateroesclerosis, constatando que toda infiltración lipídica, conlleva una disminución de silicio en las paredes arteriales.

 

Por otra parte, un estudio llevado a cabo por la Dra.Desmonty en 72 personas de más de 61 años, ha demostrado que en las arterias afectadas de ateroesclerosis, la tasa de silicio es 14 veces inferior a la que se puede medir en las arterias exentas de ateroma. Este déficit afecta sobre todo las capas llamadas íntima y media. El silicio le confiere su flexibilidad a las arterias. (Desmonty 198819) y es uno de los elementos constantes en la estructura de las paredes vasculares sanas.

 

En patologías óseas: En primer lugar debemos resaltar que al comienzo de los procesos de desmineralización es la tasa de silicio lo primero que disminuye drásticamente: hasta un 50% mientras que la del calcio y el azufre sólo caen en un 5 a 8 % (Desmonty 1988). En diversas patologías óseas se constata una pérdida progresiva del silicio por parte del hueso: osteomalacia, tuberculosis ósea, osteosarcoma.

 

LA CARENCIA DE SILICIO EN LA ALIMENTACIÓN MODERNA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿A que se debe la importancia de un aporte de silicio? 

 

Las dietas actuales de los países desarrollados, por causa de los modernos métodos de cultivo que estragan la flora del suelo y por la escasez de elementos fibrosos en ésta, contienen mucho menos silicio que las antiguas, y menos que en las dietas de países menos desarrollados, lo que puede acarrear carencias de este elemento en la población[i]. Ello es difícil de diagnosticar pues se solapa con otras causas, pero es probable que tanto en la ateroesclerosis, como en los problemas articulares, artritis, artrosis y en la incidencia de lesiones en individuos sometidos a fuertes esfuerzos físicos, esta subcarencia de silicio sea un factor desencadenante. Ello según algunos autores se podría corregir con una suplementación en silicio en forma asimilable.

 

El crecimiento normal de los animales jóvenes se ve disminuido y en dietas carenciales de silicio se generan defectos en huesos y tejido conectivo según estudios realizados en 1973 y 2002 por Carlisle y Jughdaoshing. En una dieta de cualquier país desarrollado, aunque esté compuesta de alimentos refinados y con poca fibra, las trazas de silicio que aporta son suficientes para evitar carencias agudas. Por ello se cree que no hay carencias graves de este elemento, sin embargo hay que tener en cuenta los siguientes hechos:

 

  • El hombre está condicionado genéticamente desde miles de años, a dietas que tienen como mínimo diez veces más silicio que las actuales.

 

  • El cultivo intensivo de vegetales, granos, legumbres con abonos sintéticos, plaguicidas y herbicidas, etc., ha reducido considerablemente la flora microbiana del humus que se encarga de solubilizar el silicio de los silicatos del suelo para las plantas. Este es un hecho preocupante y reconocido por todos los agrónomos. Las plantas actuales tienen menos silicio. Por ello sus cutículas son más débiles y vulnerables a las plagas, lo que se ha comprobado en ensayos. Los tratamientos con plaguicidas para acabar con ellas, perjudican más a la flora del humus.

 

  • El silicio se encuentra principalmente en las partes fibrosas, que hoy en día se consumen en pequeña cantidad. De aquí arrancan otros problemas como la constipación, diverticulosis, hernias e incluso cáncer de colon, que un correcto aporte de fibra dietética corregiría o prevendría. Además, la poca fibra que se toma contiene menos silicio que la de siglos pasados.

 

  • Los actuales hábitos alimentarios, propician un medio intestinal muy pobre en gérmenes favorables, como son las bacterias lácticas, que activan la solubilización del silicio. Ello se corregiría con aportes bacterianos y substratos para ellos: fibras solubles, etc.

 

Cuadros sintomáticos de carencias en silicio

 

Es difícil de diagnosticar una carencia de silicio mediante el nivel de silicemia. Normalmente por el consiguiente mecanismo homeostático, ésta se mantiene relativamente constante, unas 0,5 ppm en plasma. Sin embargo algunos indicios pueden orientar. La carencia más aguda se puede detectar en las uñas y faneras, muy ricas en este elemento. Uñas quebradizas, blandas o frágiles, pueden indicar una deficiencia grave en silicio. El análisis de éstas es otra posibilidad. Las cenizas de las uñas normales dan del 19 al 20% de silicio. Según Monceaux[ii], ante un proceso de desmineralización con pérdida de calcio, magnesio y fósforo, el silicio es el elemento precursor, lo que permite diagnosticar y tomar las medidas oportunas antes de que se desencadene el problema. La piel, su elasticidad y suavidad así como el cabello fuerte son otros indicios importantes, lo que incluiría al silicio como factor de belleza.

 

Otra consecuencia de una carencia de silicio en el tejido conjuntivo es la aparición de artritis y artrosis, cuando como es frecuente, comportan una degeneración e incluso desaparición del tejido conjuntivo periarticular: elastopatías periarticulares. Ello estaría relacionado con la senescencia, ya citado por Charnot [iii] , la influencia del declive hormonal. Otro papel del silicio relacionado con el tejido conjuntivo, afecta a la elasticidad y resistencia del tejido pulmonar, con una acción protectora frente a necrosis, como enfisemas, ante agentes agresivos como el tabaco. No podemos olvidar todo lo relacionado con las hernias de disco, un problema que se incrementa alarmantemente en personas jóvenes.

 

Otro efecto negativo de su deficiencia, es en personas sometidas a grandes esfuerzos, como son los deportistas de élite, propiciando tendinitis, esquinces, rotura de fibras musculares, cartílagos, etc., con frecuentes problemas de esta índole, que requieren prolongados descansos. En los jugadores de tenis, el llamado “codo de tenista” es una lesión que en muchos casos requiere cirugía, y que se puede evitar e incluso corregir con una correcta suplementación en silicio.

 

En resumen (Manual Lamberts [iv]), una carencia en silicio es causa de:

 

  • Anormalidades en los huesos y cartílagos

  • Pérdida de elasticidad en arterias y venas.

  • Ateroesclerosis

  • Falta de elasticidad en la piel

  • Caída o fragilidad del cabello

  • Lenta curación de fracturas, heridas y quemaduras

  • Artritis y Artrosis

  • Ptosis de órganos

  • Debilitamiento del tejido pulmonar

 

Según algunos autores los efectos de estados carenciales de silicio pueden generar también: Retraso del crecimiento - Huesos frágiles - Piel deshidratada - Acné - Tendencia a abscesos y fístulas - Furunculosis - Amigdalitis - Deficiencia intelectual – Conjuntivitis - Caries dentales - Fragilidad y/o caída del cabello - Uñas frágiles y opacas – Tendinitis - Fibrosis - Problemas articulares - Patologías coronarías - En la tuberculosis y el cáncer se ha confirmado la falta de silicio - Alteraciones osteoarticulares y del tejido de sostén, en general - Bajada de las defensas - Problemas broncopulmonares.

 

 

EL SILICIO EN LOS PROCESOS  BIOLÓGICOS

 

Desde el punto de vista “histórico”, una interesantísima publicación, es la "Review" o revisión de Monceaux , que aporta una serie de observaciones sobre su aspectos fisiológicos que no se contemplan en trabajos posteriores. Las publicaciones más importantes acerca de este elemento, son las de la familia Loeper y colaboradores con trabajos desde 1957 hasta 1988, la familia Charnot con trabajos desde 1953 a 1970, Schwartz 1974-1977, y posteriormente Carlisle entre 1970 y 1988, cuya contribución ha hecho que actualmente se considere elemento esencial. La edición de "Trace elements in Human and Animal Nutrition" de E.L. Underwood, 1977, obra clásica sobre oligoelementos, ya considera la esencialidad del silicio, y en la obra "Nutritional Biochemistry and Metabolism with clinical applications”, de M. Linder, 1985 utilizada como libro de fundamental en especialidades universitarias, se destaca la importancia y esencialidad de este elemento.

 

El silicio se halla en alta concentración en órganos y glándulas que no requieren resistencia mecánica: timo, suprarrenales, páncreas, bazo, en donde juega un papel distinto, insuficientemente estudiado, pero que está relacionado con la Bioelectrónica. Es importante tener en cuenta que el silicio, como el germanio, son elementos transistóricos, capaces de movilizar fácilmente electrones, por ello se utilizan en los chips de electrónica. En este sentido puede representar un papel muy importante como intermediario de transporte de electrones amplificando los impulsos entre distintas moléculas. Ello ya fue sugerido por Vincent[i], citado por Monceaux en 1956. (Vincent fue uno de los pioneros de la Bioelectrónica). Algunos autores más modernos, Fazekas, Schafer, Chandler y Bornens citados por P. Creac'H[ii] basándose en la presencia de agregados de silicio en las mitocondrias, centriolos y otros elementos celulares, le suponen un papel de esta índole, actuando incluso como un cuarzo regulador de impulsos o señales de frecuencias muy estables que rigen el movimiento del centriolo. El silicio en forma de cuarzo, tiene unas propiedades sorprendentes, denominadas piro y piezoelectricidad: una presión mecánica es capaz de hacer producir en aquel un potencial eléctrico.

 

En el tejido conjuntivo, el silicio forma parte de los glicosaminoglicanos que constituyen sus principales elementos estructurales. Schwartz[iii] determinó aproximadamente 500 ppm de silicio combinado con ácido hialurónico y con los sulfatos de condroitina, dermatan y heparan. En el colágeno soluble de piel y tendón de cola de rata, contiene entre 1000 y 2000 ppm de silicio, lo que indica como mínimo de 3 a 6 átomos de silicio por cadena de proteína en la molécula de colágeno. Schwartz concluye que el silicio se halla en el tejido conjuntivo como silanolato en forma de derivados de éster o éter, formando puentes que configuran la organización estructural de los glicosaminoglicanos y poliurónidos. En los más recientes trabajos de Carlisle, aun corrigiendo los valores de Schwartz, se confirma este aspecto estructural del silicio en el tejido conjuntivo, como elemento de unión entre los polisacáridos (glicosaminoglicanos) y las fracciones proteicas menores[iv].

 

En 1968 Loeper observó la abundancia del silicio en los proteoglicanos: era del orden de 400 a 550 mg. por cada 1000 g. de tejido seco. Demostró que tiene un papel estructural[v].

 

En ensayos in vitro con cultivos de órganos y células (cartílagos) en medios pobres y ricos en silicio[vi], se evidencia rápidamente el efecto estimulante del silicio en su desarrollo. También se ha comprobado una interacción positiva entre el silicio y ascorbato en la formación del cartílago, dando una máxima producción de hexosaminas y prolina cuando ambos compuestos están presentes. El silicio incrementa también la hidroxiprolina, la proteína total y la proteína no colágena, aparte de los efectos del ascorbato. En cultivos de condrocitos aislados de epífisis de pollos, los medios suplementarios en silicio mostraron un incremento de cerca del 250 % en colágeno, medido como hidroxiprolina, en relación con los suplementos y mostrando también un aumento de la matriz de polisacáridos del 150 %.

 

Esto ocurre porque el silicio tiene asimismo una acción funcional además de la estructural, ya que se ha comprobado que actúa como elemento activador de la prolilhidroxilasa, como ha demostrado Carlisle[vii] con esta enzima aislada obtenida de huesos de embrión de pollo, cuya actividad en la síntesis de hidroxiprolina está en relación con la concentración de silicio del medio. Esto confirma los resultados hallados "in vivo" e "in vitro", sobre los requerimientos de silicio para la biosíntesis del colágeno, en donde la actividad de la prolilhidroxilasa nos medirá la intensidad de esta biosíntesis.

 

 

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